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Pesca con mosca
 
  Río Chubut Superior Relevamiento del 07 de enero de 2012  
 2013, Buenos Aires Argentina   Pesca con mosca . Moscas paso a paso.  
Estas dos balsas son las que nos acompañaron toda la travesía.
Las balsas fueron cargadas con todo lo necesario para cuatro días de pesca y 96 Km. de recorrido por el rió Chubut.


Flotando el Chubut Superior
Como todos los ríos de la Patagonia,  este también es particular, misterioso y singular en cada parte de su recorrido. Julio y yo entusiasmados por Walter Ruiz, quizás el más pragmático de los guías que conozco, lo contratamos en el mes de Junio de 2011 para flotar el Chubut Superior durante cuatro días en el primer mes del año 2012. Unos días antes, la mamá de julio produce un ACV y entra en coma. Por supuesto no me pudo acompañar y todo lo que yo cuente en esta nota será testimonio personal.

Ya la balsa lista y cargada con todo lo que necesitaríamos para el primer día.
La balsa pilchera inicia el recorrido antes que nosotros para llegar con anticipación y preparar el primer campamento.

Guías. Trabajadores o docentes.
Llegamos al río con las dos balsas montadas en el tráiler. Estas salidas mueven una infraestructura que hace respetar seriamente el trabajo de los guías y sus colaboradores. Hay una camioneta, que arrastra y lleva, hasta el lugar donde comienza el recorrido, la balsa en la que pescaremos y otra, a la que le dicen pilchera, con todo el campamento. La misma, a la que llaman “Transfer”, que nos verá bajar del río y nos recogerá, cuatro días más tarde, 100 Km. río abajo. Cuando se pesca flotando, el que conduce la balsa, con habilidad y la fuerza de sus brazos, en este caso, es el mismo que te corrige, que te explica el cast necesario para ese río y como ejecutarlo. Reitera la corrección, una y otra vez, hasta que te vez haciéndolo con el dorso de la mano o parando la caña justo donde tu impulso lleva la mosca donde deseas. Es el que rema contra la corriente para sacar la mosca enganchada en un sauce, en un junco o en el medio del continente sudamericano porque creíste que podrías tirar la mosca treinta y cinco metros hacia adelante sin mirar a tus espaldas. Callado, con mesura, logra que todos esos errores de atención de tu parte se disimulen y sean nada más que una condición de pesca. Reman los pilcheros y el guía unos veinticinco kilómetros por día. Los primeros se apuran para armar el campamento y tener todo listo para que vos llegues y encuentres todo fácil, donde nada lo es. Comedor, fuego, baño con agua caliente, carpas y hasta un caldito de zapallo bien caliente cuando recién salís del agua. Hay whisky y hielo. Algún ingrediente para acompañarlo y  mientras preparan la cena ponen una mesa que te hace pensar que estás en otro lado y no en medio de la estepa patagónica. Han ido al comienzo de temporada, con el río bravo por su caudal de agua, a preparar los campamentos en los cuales te sentirás cómodo, aún con vientos de sesenta kilómetros, como lo hubo en los primeros tres días de este viaje. Para algunos, será el que los haga pescar porque sugerirá la mosca precisa, para otros solo un consultor para confirmar la teoría elaborada con su observación o su experiencia. Tomará el lugar de un consejero, de un consultor o de un maestro. Mantendrá su distancia si vos querés elegir la mosca, la línea o el tipo de pesca. Solo insinuará un cambio si el fracaso te desalienta. Julio y yo pescamos sin guía hasta hace cinco años. Si lo contratamos a Walter la primera vez fue solo para sentirnos seguros. Necesitábamos una persona joven al lado nuestro. Cuando terminamos esa salida habíamos reconstruido un viaje que se hubiese frustrado por el mal tiempo. Con la experiencia terminada sentí que era un poco mejor pescador que antes de conocerlo. A veces, existe una interrelación didáctica entre el guía y su cliente, que no solo es servicio. Seguramente habrá malas experiencias - en que no las hay -,  pero reivindico a los guías para todos aquellos que no han experimentado con ellos. No son la panacea, tampoco hay que acostumbrarse a que ellos dirijan la pesca de cada uno – eso es malo – pero ayudan a que la diversión se haga posible aún con nuestra falta de humildad e ignorancia.

La primer parte del recorrido es por debajo de un bosque en galería, muy cerrado, que dificulta la pesca y la navegación.
Cuando salimos del intrincado primer tramo, tuvimos enseguida el primer pique.

Un río con personalidad
El río Chubut nace en Río Negro, en el Cerro Carreras. Ingresa a la Provincia homónima recorriéndola hasta el Dique Ameghino desembocando en la Bahía Engaño cercana a la Ciudad de Rawson. Puedo extenderme sobre la cuenca pero al que le interese existe información en Internet que los ilustrará geográficamente. Como pescador diré que es un rió de la meseta patagónica que recorre la provincia de Chubut de este a oeste desde la cordillera hasta el Dique.
Es un río que corta la meseta árida y dura de la zona ofreciendo, por tramos, intensa vegetación de sauces en galería que, por lo menos en la primera hora y media, no nos permitió pescar, por lo cerrado del follaje..
En esos primeros kilómetros de navegación, las sombras de los sauces no dejaban pasar al sol implacable de enero. El viento solo era sonido. En esa cueva de sauces no podía molestarnos. Solo se anunciaba con ese vibrar constante de las hojas de los árboles al sufrirlo.

La primer trucha fue seducida, como tantas otras, con JR Hopper diseñado por Julio Rossotti..
Esta es una EJG Minimouse en color natural atada en anzuelo # 6. Me arrepentí no haber llevado muchos mas.

El escenario de cada día
La flotada duró cuatros días. Cuando terminamos de pasar los obstáculos de esta parte del río, apareció el Chubut Superior para pescarlo. Su costa, en todo el trayecto, tendría sauces alternando cada costa, o arbustos marrones y secos, paredes cortas de juncos apretados, o plumeritos destacados entres sus hojas alveoladas formando matas precisas y elegantes. Encontramos un maitén con una soberbia copa y sus preciosas hojas pequeñas, un pequeño bosque de álamos rostrados que se asomaban al río entre troncos grises, mostrándose como fantasmas en el agua transparente. Detrás, cuando la mirada se extendía, cerros y montes continuos  formaban un perímetro telúrico y espectral después del desierto intimidante de la meseta. Ese era el escenario que con variantes nos acompañaría. El viento incomodándonos y el sol como observador sin escrúpulos.

Los pilcheros con todo el campamento armado aprovechando la últimas luz del día para preparar la cena...
Pescamos generalmente con secas por elección pero los streamers también atrajeron a las truchas.

Decisiones con el equipo
Caña cinco o seis, eran lo ideal. Los lances no serían largos pero deberían ser precisos. Elegí usar una Winston de ocho pies y medio para cola 5. Me la había regalado Julio hace tres años y nunca la había usado. No la olvidaré otra vez. Es una caña de acción moderada a la que se disfruta dos veces, cuando se castea y cuando se tiene al pescado. Una delicia. Obliga a acostumbrarse, pero cuando entendés que hay que tratarla suavemente para lanzar la mosca, y sin importar el pique, ella con delicada firmeza ayudará a disfrutar la pieza. Fue un placer más el descubrirla. Línea de flote y leader largo, un poco menos de tres metros con tippet de monofilamento de 0,20 mm. Este fue el equipo que me acompañó todos los días. El líder algo largo ayuda en la pesca con secas, grandes o pequeñas - con esas últimas un poco mas – y usando streamers no estorban porque cuando el agua es muy clara, la cola cerca puede ser un espanta pescados cuando la mosca llega al agua. Con ninfas no pesqué porque, salvo un momento en que no sabía qué hacer por el viento y la falta de pique de casi todo un día, probé con una Prince en anzuelo ocho que a ninguna trucha interesó. Pescamos con secas grandes y con streamers en anzuelos seis y ocho.

El agua excesivamente transparente del Rio Chubut permite esta foto disfrutando de una trucha mas.

Los Stimulators, como siempre, tuvieeron su oportunidad y supieron aprovechar su fama pescadora.

Que ponemos como primera mosca
¿Le preguntamos al guía, sugerimos una, o simplemente tomamos la decisión y colocamos la que queremos ?. Walter nos había indicado por mail que atemos Grasshopper, esto es imitaciones de langostas, saltamontes o tucuras pero imaginamos que también andarían alguaciles, por el tamaño y la época, alguna Chernóbil o Bomber grande, tarántulas, etc. Julio había atado unos Hopper maravillosos – como todas sus moscas – y yo tenía unos Stimulators atados en anzuelo ocho que me parecieron ideales para empezar. Como dato, las moscas deben flotar mucho. En cuanto perdían flotabilidad eran ignoradas. Las moscas de foam y patas de goma fueron eficientes. Cómodas para pescar porque no hay que andar secándolas. Fueron más infalibles los Hopper que las Chernóbil. Los colores pescadores fueron ,en tonos pasteles, naranja, marrón, celeste, negro y verde oliva o sus combinaciones para las moscas de foam. No usamos muchos streamers pero una Rabitt negra fue la que trajo la trucha más grande. Cuando pasaba un tiempo sin pique en las secas, hacíamos la prueba con streamers. Rápidamente, aún cuando habíamos tenido éxito, volvíamos a las secas. Daban confianza y se hacía, por la característica del río, más placentero pescar con ellas. Los streamers por consejo de Walter siempre fueron Bead Head o lastramos el leader con una perla de plomo.  O sea que la moscas, o flotan mucho o trabajan bien ahogadas. Mi decisión de la primera mosca cayó en un Hopper atado por Julio.

En cada campamento, tano al amanecer como al anochecer, podía probar a sacra alguna trucha desde la costa
Con el leader lastrado los streamer bajaban rápido y resultaban mas eficaces

Muchas truchas
El primer pique tardó en llegar y cuando llegó, como corresponde, lo perdí. Apurado, ansioso, al querer clavarla le saque la mosca de la boca. Repetí el error varias veces. Las generosas truchas de Río Chubut, cuando se dieron cuenta de mi ingenuidad para pescarlas comenzaron a picar más despacio y yo a levantar mi caña con algo más de ritmo. Fueron muchas. Entre el medio kilo y el kilo y medio. No existen en una jornada menos de 50 o 100 piques. El tercer día, en el que solo logramos cuatro o cinco truchas, fueron difíciles las condiciones para pescar con mosca. Ese día el viento obligaba a acomodar la balsa para poder poner la mosca donde uno quería, y esto no siempre era posible. Muchos lugares estratégicos para intentar el pique de una trucha eran pasados rápidamente por la balsa sin que pudiera acomodarme para castear con precisión. En cambio los días anteriores y el día que salimos del río la pesca fue plena. La balsa, maniobrada por Walter, se colocaba de forma que yo pudiera castear con la mayor comodidad posible hacia las sombras que proyectaban los sauces, juncos o tramos de barrancas acantiladas que eran los más rendidores. Como siempre hay truchas que se destacan de las demás aunque todas dejan su impronta.  Con esa cantidad de piques, el viento intenso y molesto y con las costas tan cercanas para castear, el cuarto día  no me quedaba una mosca a la que le tuviera confianza. Un Hopper de foam que me ofreció Walter había ganado su lugar para cuidarlo como una joya. Frente a unos álamos, los únicos que vimos en el recorrido, el río se tornaba angosto. Debajo de ellos, troncos y ramas grises aparecían desde la oscuridad del río profundo. Advertido como una zona que siempre rendía, lancé hacia la punta de una de esas ramas y veo a la trucha salir por detrás y atacar mi mosca. La situación superó mi habilidad para sostenerla, a pesar de haberla clavado, aflojé la tensión y se fue. No me quería mover del lugar aunque me daba cuenta que me faltaba tirar piedras para espantarlas. Walter quiso levantar el muerto para seguir río abajo pero, como tantas otras veces, yo estaba empecinado. Cuando ya me resignaba, un ultimo cast cae exactamente donde había tenido el primer pique, y la escena se repitió. La trucha, como una saeta, salió de atrás de la rama y tomo franca paralela a la superficie del río. Esta vez no se fue y no aflojé la tensión de la línea. Como a la mejor trucha quise levantarla con la mano y no pude subirla porque se escapó. Al tomarla con la mano izquierda, lo hice inseguro y permití que se deslizara y desapareciera sin poder sentirme vencedor. Creo que era la más grande, no la pude fotografiar, pero seguro, fue la mejor

Las Chernobil no fueron la mejores moscas, solo este color pescó algunas truchas
Esta MDB Alguacil diseñada por Meche Dal Bianco, fue, mientras duró, la seca con mayor pique.

Conclusión
Fue una salida de pesca extra divertida. El río Chubut superior esta poblado de truchas en un peso excelente para sentir el placer de pescarlas. Caña cinco o seis, línea de flote y tippet 3X o 4X es lo que usé. Las moscas mas tomadas fueron las secas grandes. Las mejores los JRHopper que ató Julio, el MDBAlguacil creado por Meche Dal bianco, la EJGMinimouse probada por primera vez con cola de pluma, los Letort Hopper en color natural, las Stimulator, con patas o sin ellas, naranja o natural y las Chernóbil en negro y amarillo. Usamos streamers en contadas oportunidades pero la Rabit negra en anzuelo 6 sacó la más grande, y una Royal Coachman Bucktail en anzuelo 8 me permitió, antes de cenar y desde la costa del campamento del segundo día, sacar, en la primera presentación, una trucha que le dio mejor gusto al whisky que me tomé después. Walter, fue el guía. Federico y Lino los pilcheros que me hicieron sentir cuidado y atendido en esas soledades. Walter con maestría y tolerancia mejoró mi cast y me enseñó una forma de hacerlo casi a ras del agua por debajo de los sauces con el revés de mi mano derecha. Demostró que las secas de foam son ideales en ese río y manejó mi ansiedad de pescador porteño en cada clavada. Como dije, volví a salir con la sensación de ser un poco mejor pescador que cuando entré al Río.

 
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