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Pesca con mosca
 
  San Pedro Relevamiento del 23 de febrero de 2013  
 2013, Buenos Aires Argentina   Pesca con mosca . Moscas paso a paso.  


Encontrar él río como se desea es una de las prioridades de cualquier guía de pesca a lo largo del Río Paraná. La respuesta al llamado telefónico de su cliente es clave, para que este, cuando termine la jornada de pesca, vuelva satisfecho. Algunos, en ese llamado sugieren, si no saben o no están seguro de las condiciones del río, que si el cliente quiera, puede levantar la salida. Esto, no es común, pero si frecuente cuando el cliente, al que se asiste, se ha transformado en casi un amigo luego de muchas excursiones. Son cliente a los cuales se los cuida, aún a costa del negocio propio.
Para un viejo pescador o simplemente para aquel que entendió que en la pesca no hay sabiduría alguna que asegure el resultado, estas previsiones del guía, casi nunca son tomadas en cuenta. Varias causas conducen a esa decisión. La falta de tiempo futuro para realizarla o la seguridad de que esta ya está armada, decidida y sólo hay que subirse al auto y efectuarla. Las buenas condiciones meteorológicas que señalan que el día, con buena pesca o sin ella, será precioso para disfrutar plenamente. El exceso de entusiasmo acumulado que no permite tomar una decisión en contra a pesar de la recomendación. La esperanza autentica que la realidad puede cambiar y transformarse en una inolvidable jornada, abundante de pesca o de sucesos que la hagan valiosa.
Para el guía, si el río responde a su sabiduría, existen posibilidades y puntos conocidos donde, se tiene la certeza de la situación que la naturaleza crea en específicas condiciones. Esto es, no hay especulación ante la búsqueda del pique, se sabe que hay sitios que responderán, más o menos, con lo esperado. Hay premisas que ellos conocen para hacer que la pesca tenga éxito. El cumplimiento de ellas, son las que le sostendrán, por su efectividad, la satisfacción del cliente y la continuidad de su trabajo.
San Pedro, no es especial en este tipo de especulaciones. Tiene, según la época, señales que le aseguran al guía una fácil jornada, o exactamente todo lo contrario. Los  meses de enero y febrero en la pesca de Tarariras son favorables, si las condiciones del río permanecen lo más estable posible, en especial, dentro de una altura preferencial que no mueva los asentamientos de estos peces. Cuando esto se altera, estos buscan otros sitios y otras profundidades que no son simples de encontrar por el guía o los pescadores. Ante esta situación, se ve la capacidad del profesional, la baquía y sabiduría que le ha otorgado, en otras oportunidades, la observación y la experiencia. Se mueven de un lugar a otro, cambian de estilo de pesca, se alejan con su embarcación a latitudes que, a veces, le son onerosas por el gasto de combustible. El objetivo primario, que su cliente pesque, se transforma en una obsesión que no siempre el río está dispuesto a calmar. Creo que esto fue lo que le pasó a nuestro guía. Quiso prevenir, sugiriendo interrumpir la excursión porque notó el viento, y las inestables alturas del río que se habían sucedido en la última semana. A pesar de las advertencias decidimos viajar el sábado 22 de febrero, dejar pasar las circunstancias y disfrutar del intangible Río Sepultura y su despojado paisaje.

Martín quiso proban en spinning e inmediatamente tuvo pique. Luego, todo el día pescó con mosca.
Todas las cañas listas para cada lugar que arribabamos. El viento no ayudaba.

Llegamos como siempre entre las 8 y las 9 de la mañana. Navegamos el San Pedro, el Paraná, pasando por la gloriosa Vuelta de Obligado que, al mirarla desde el agua, nos hizo comentar la odisea de los que allí lucharon contra las fragatas inglesas y francesas. Casi enfrente, río Paraná por medio, nos internamos en el Río Sepultura. Largo recorrido de agua, con pequeñas barrancas, y una extensa visión de llanura maltratada por inundaciones permanentes. Vivimos, una vez más, una realidad fenológica idéntica por siglos. Barro, carrizos, verdes y secos, camalotes en el agua, luchando por sobrevivir en el barro, abandonados, o secando sus carnosas plantas al sol, formando un piso vivo, hermoso y remoto. El carrizo seco, muestra que ya el agua lo mató en su caprichosa inestabilidad, y el verde, esperanzadas hojas finas alveoladas, que resucita para que todo vuelva a ser a igual una y otra vez. Caracoles gigantes, vacíos, salpican el piso como muestras prehistóricas en tierras protegidas por su infalible realidad de inundarse y secarse, formando parte de la vida y la muerte en el lugar. El paisaje es fascinante.
Navegamos con el aire frió de la mañana, sumado a un viento fuerte que nos augura un mal día de pesca. Paramos en una primera entrada de agua con un estero extendido hacia el norte. Es sábado. Una lancha nos indica que podremos pescar en el riacho  pero no en las aguas quietas de la laguna extendida. Es sábado. Los guías tempraneros toman los lugares más seguros para la pesca de sus clientes. Pescamos toda la bahía desde la costa en que el viento menos influía en nuestros lanzamientos. Muchos piques, pero sin capturas. Pepe Riva, nuestro guía, con una caña de spinning y una rana de látex,  y Martín, con un señuelo similar, nos señalan que tarariras hay, que están irascibles y que se pueden pescar.
La pesca con mosca de tarariras permite poner el artificial donde uno quiere y la tararira lo ataca. Esto no significa una captura segura. La forma en que ella mantiene la mosca en la boca o la blandura de la caña al clavarla, hace que sean más los piques que se van, que los que nos ofrecen la oportunidad de devolverlas.

Mariano Melotto casteando en el duro e incomodo paisaje que ofrece el Río Sepultura.
Las tarariras no fueron grandes pero nos acompañaron todo el día.

La pesca de tarariras es generosa. Es noble en su pique, es explosiva, sorprendente y aún, cuando no la podamos subir a la costa, el momento que nos ofrece de suspenso y desconcierto al traer nuestra mosca por el agua barrosa, seduce nuestra impronta de pescador. Nos obliga, con su pique insólito, al sobresalto y  la conmoción.  Si la capturamos, su lucha para conseguir su libertad nos depara solo placer. La pelea es corta, no alarga su pendencia, ni nos permite prolongar el pleito. Es intenso y poderoso el pique, como fugaz y aguda, su captura.
Los mosqueros no usamos anzuelos dobles o triples, y si de diez piques erramos ocho, está bien. Es ley de juego. No perdemos lo anterior a la captura, lo absorbemos, lo disfrutamos cada vez como si fuera la primera. Por eso volvemos, una y otra vez, por eso.
Julio, pensó que si hacíamos una mosca con el anzuelo suelto, detrás del popper, habría más posibilidad de clavarlas. Mi objeción era que el anzuelo, grueso y fuerte, sería un obstáculo para el accionar de la mosca. Encontró la solución atando en el anzuelo dos mechones de ciervo y patas de pluma de gallo que no traerían inconveniente al accionar natural de un popper con el anzuelo incorporado. La ató, la llamó Popper Articulado, y yo lo usé por primera vez en el Sepultura. En esa Bahía barrosa. Primera puesta en el agua, dio captura, segunda, dio captura. Luego perdió algunas, pero fue más efectiva que los popper con el anzuelo incorporado. Se la presentamos. Búsquenla en Novedades o Moscas de dorados en este sitio.
El sol,  se apagaba tenuemente por cirros extendidos. El viento, que los formaba, continuó hasta el atardecer. Navegábamos, buscando en la sinuosidad del Sepultura, bahías o arroyos secundarios que nos permitieran pescar con algo de comodidad. Paramos varias veces con variados resultados. Siempre con piques alternados como para tenernos atentos y entusiasmados. Al volver, cerca de las seis de la tarde, una pequeña bahía se nos mostró al este. Camalotes pegados a su curva nos mostraban que el viento se había llevado a los que no estaban. La barranca había protegido, a esa pequeña porción del río, del viento constante.

Este popper con el anzuelo articulando por detrás era la mosca que queríamos probar..
El Popper Articulado rindió lo esperado. Se erraron piques pero fue mas efectivo que los de anzuelo fijo.

Mariano, quien hasta ese momento había tenido muchos piques pero ninguna captura, fue el que bajó cuando atracamos la embarcación. Martín, lanzó desde la popa y yo me quedé observando los resultados, algo escéptico. Martín fue el primero, con una mosca atada por él en anzuelo de pejerrey, parecida a una Marabú Muddler. La vi luego del pique. Austera, casi sin silueta. Siguió pescando y logró sacar varias tarariras en forma consecutiva con ella. Mariano, también con una mosca de hundimiento clavo dos y erró unas cuantas.
La pesca estaba donde se armaba el veril del río, sobre la parte baja que conformaba la pequeña bahía. Puse una Hi Ti, mosca de una silueta que se forma por arriba del anzuelo. Anzuelo que queda casi totalmente a la vista. La mosca fue eficiente. Demostró que los piques que lograba ofrecía mejores posibilidades al clavar. Vivimos la última media hora en una fiesta de tensión, ansiedad y el placer de varias tarariras devueltas. Todos volvimos plenos, con una sonrisa íntima recordando las situaciones que habíamos vivido ese día. Un amigo me decía, ante la duda de ir a pescar o no, siempre debe ser ir a pescar. Esta vez, le había dado la razón

Mostrando el Popper Articulado de Julio Rossotti y la efectividad de ese día.
Mariano, ya en la pequeña bahía, con su captura. Martín feliz sosteniéndole la caña

Conclusión. Ante la duda, por el clima incierto, ir a pescar y disfrutar lo que resulte. Navegando el Sepultura aparecían uno tras otro los lugares ideales para pescar tarariras.
El viento no ayudaba. A pesar que para esta pesca no es necesario lanzar lejos molestaba a la presentación y a la ubicación del tiro. El intenso viento riza el agua y enfría la primer capa de la superficie, lo que incita al pez a protegerse en aguas algo mas profundas o cambiando a sitios donde el viento no haga tal efecto. Queda claro que no es lo mismo para el ataque, de la tararira, a la mosca, el agua rizada por el viento que el agua quieta.. Quizás las vea mas claro o las irrite mas. Cuando pescamos en aguas protegidas del viento,, pensando en nuestra experiencia de todo el día, los resultados fueron extraordinario. Hay que cambiar de modalidad de pesca si se nota la presencia de tarariras, y los piques, son esporádicos. El cambio a streamers que comenzó con Mariano y Martín, nos descubrió una posibilidad que quizás no hubiésemos logrado con moscas de flote. Todos nos fuimos felices, los pescadores y el guía, quien había luchado para encontrar un lugar donde pudiéramos hacer la mejor pesca posible y al final se dio. Agradecemos a Pepe Riva por su tesón y voluntad para lográramos el mejor día. Te Pasamos su teléfono 3329 531443 y 03329-15531443.

Martín muestra el streamer que nos abrió los ojos para cambiar las moscas de flote.
Una visión de la última bahía. Al final de la foto se puede ver la barranca que la mantuvo protejida del viento.
   
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