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Pesca con mosca
 
  Reconquista 2013 Relevamiento del 20 de Octubre de 2013  
 2013, Buenos Aires Argentina   Pesca con mosca . Moscas paso a paso.  
Fly Fishing
Julio llevándonos por el Paraná a la zona de pesca que luego haríamos en un bote con un 40 HP.
Fly Fishing
Nuestro primer almuerzo, disfrutando de una cerveza fría y oliendo a pan casero.

El río, el paisaje y la pesca son tan generosos para quien los descubre que casi nunca se percibe el acto falaz que significa un medio de comunicación para los pescadores deportivos. Cualquier medio, sin honrosas excepciones.
Sacamos pasajes en micro para irnos a Reconquista el 19 y 20 de octubre a pescar dorados. Julio debe operarse de cataratas y a mí, en particular, no me gusta manejar en la ruta. Las revistas WK y El Pato de ese mes mostraban dorados en sus páginas casi sin dejar lugar para los textos. ¿Mentían?. Nos avisan una semana antes que mejor lo posterguemos porque el pique está pobre. ¿Cómo es esto?. Escribo que iremos igual y que la única obligación de nuestros anfitriones es tratar de llevarnos a los lugares que ellos crean que son los mejores para nosotros. La pesca no es una disciplina exacta y nadie puede garantizar sus resultados salvo que se tenga un dato que permita, con la inmediatez suficiente, alcanzar resultados. Llegamos a Reconquista a las 06,30 hs del 19 de octubre y Poly, capitán del yate Tonowanda, estaba esperándonos para llevarnos al puerto. Embarcamos y emprendimos la marcha por el arroyo de amarras esquivando embarcaciones hasta tomar el Río Paraná, del cual no nos alejaríamos demasiado en toda nuestra excursión.

Pesca con mosca
Una extensa playa en el Río Paraná obstruía la salida de una arroyo. Allí abundaban sábalos y probábamos en silencia.
Pesca con mosca
En el mismo lugar pero desde la costa, tengo el prime pique que logro clavar.

Una hora y media después estábamos preparados y listos en un bote con un motor de 40 HP que nos trasladaría por correderas, bocas y veriles donde podríamos buscar dorados. Lo intentamos en varios puntos, que parecían ideales, sin suerte. Cercano al mediodía nos acercamos a una playa de arena que surgía en el medio del río. Tranquilos movimientos de sábalos mostraban una impronta muy diferente a la salvaje y voraz de dorados cazándolos. El playado se mostraba a la salida de un arroyo, bajo y extenso, que se metía entre dos islas formadas por la altura del río en esa circunstancia. Decidimos bajarnos en una orilla barrosa. La costa, con árboles lejanos a nuestra espalda, se ofrecía limpia de maleza para poder castear cómodos hacia el veril.   No había nada que nos previniera de un pique y no se veía actividad manifiesta, salvo la de los sábalos protegiéndose en los bajos que se formaban a la salida del arroyo. Las playas, extensas y alargadas, se extendía a unos cien metros de nuestra posición. Desde allí a las playas habían varios veriles con la profundidad suficiente como para que algún dorado se animara a cazar. El ruido de un cachetazo en el agua, justo en la costa de enfrente, nos alentó porque empezaban a aparecer. Estaba lejos para ir a buscarlo. Ambos casteábamos ciegos con la esperanza casual de pescar alguno de ellos. Veo raros movimientos a escasos 15 metros de mi lugar de casteo.

fly fishing
Fue un dorado que casi alcanza los cinco kilos. Su pelea la dio en baja profundidad por lo que multiplicó sus saltos..
Pesca con mosca
"La mamarracho" , mosca de canecalón azul, rojo y blanco, elogiada en el 2012, logro este doradito en el 2013.

Dejo de hacerlo. Visteo el lugar donde se produjeron esos movimientos y veo unos bulos que alteraban varios metros de agua. Se desplazaban hacia el río. Miro mi mosca y compruebo que es la que quería tener puesta si se presentaba ese momento. Casteo, ya sin ver el mundo, totalmente concentrado con lo que quería hacer y atendiendo cada movimiento para no equivocarme. A veces esas oportunidades se dan una vez en el día y no se vuelven a repetir. Arrojo mi lance y la mosca cae exactamente donde quiero. En cuanto empiezo a traer tengo un toque, tímido, distraído. Los veo. Eran tres y todos persiguieron por segundos mi mosca. Poly, ve mi acción y se da cuenta. Avisa a Julio que puedo tener pique. Vuelvo a castear, esta vez un poco más corto pero con mayor justeza. Esta vez toma con angurria y lanzando todo el cuerpo hacia el engaño. Tengo el temblor del pique y antes de levantar la caña, lanzo mi mano izquierda con toda mi capacidad hacia atrás más de un metro, y casi al unísono levanto mi caña sintiendo toda la potencia del otro lado. Hasta ahí aún no había saltado. Mi miedo se dispersa cuando el dorado se siente sometido y saca todo su cuerpo afuera del agua e intenta buscar aguas más profundas para poder escapar. Reafirmo mi clavada con la caña casi paralela a la superficie y luego procedo a disfrutar del pique y comienzo a traerlo. En un arrebato de furia se lleva toda mi línea y algo de backing. Lo dejo. Era un doradito de unos cinco kilos. Otro, que al principio lo siguió, desapareció dejándolo solo con su mala suerte.

Pesca con mosca
Alojados en una laguna disfrutamos de los piques furiosos de las palometas que nos alegraron la mañana...
Fly Fishing
Toman lejos y con mucha potencia. Realmente un pique excepcional y le suman una lucha corta pero fuertisima.

Mientras sucede esto todo es placer para el pescador, salvo por el temor de que en alguna de sus acrobacias el doradito se vaya. Es ley de juego, pero estábamos tan pobres de piques desde la mañana que, de verdad, quería someterlo. Al fin, luego de disfrutar al máximo la situación, estaba listo para ser recogido. Poly se acerca con el copo y al fin, el dorado muestra toda su potencia sometida en los cuadros y piolines de un copo grande que lo contiene. No me equivoqué, su peso 4.8 Kg. confirma nuestra primera impresión. Nos parece que es una suerte haberlo pescado en tan poco agua. Julio insiste en el lugar pero esos tres aventureros se habían ido.
Llega la hora del almuerzo. Liliana nos sirve Cima de Pollo con papas rellenas. Todos felices. El doradito despierta anécdotas y esperanzas. El paisaje comienza a ponerse verde y brillante. El sol deslumbra desde el agua. Una cerveza bien fría  es la delicia civilizada que me agasaja y entretiene. Los demás, se toman unos vasos llenos de hielo, coca y fernet que los pone eufóricos y habladores.
Después de una profunda siesta que nos repuso del viaje nocturno, salimos otra vez. Volvimos al lugar como primero y último punto de la tarde, los sábalos seguían allí. A pesar de nuestra constancia no obtuvimos pique y no vimos ninguna acción de caza que nos alentara. El bote se trasladaba de la boca de algún arroyo, a correderas copiosas de fuerza en su correntada. Esa tarde el sol hermoso bajaba brillante y nítido por el horizonte indicándonos nuestro final del día. Casi con la última luz, reflejada por una luna inmensa que se levantaba gigante y de a poco, abordamos al Tomawanda para tomarnos el primer Whisky en Reconquista. Sabía a Dioses.  La luna, preciosa, ponía plateada la negrura con reflejos casi blancos que ondulaban en el agua. Los almuerzos y las cenas en el barco son una delicia. Las sobremesas se alargan con vino tinto. Y eso era perfectamente comprobable viendo vaciarse las botellas, una a una, mientras nuestras charlas se alargaban en temas que nos sorprendían. Las estrellas parecían esconderse para darle más grandiosidad a esa luna, a la cual ya le achacábamos la culpa de nuestros pobres resultados.
El día después, tuve un pique confuso, derivando una barranca y anclándonos de vez en cuando frente a ella. Nuestras moscas precisas nos llenaban de esperanzas pero no hubo respuestas. Por la tarde el viento dificultaba gran parte de las zonas recorridas. El dorado no estaba o, por lo menos, no estaba cazando. Cuando la tarde moría, una tormenta que venía del SO agrandaba su oscuridad y los relámpagos, aún lejanos, nos mostraban su refucilos en un cielo extraño y celestial. Yo, desde la costa y Julio, amarrados al camalote, éramos parte de ese paisaje ignoto con el cielo rosa y celeste con franjas de sol que lo atravesaban. Julio tuvo un pique que le cortó la mosca como con una tijera. Yo no tuve la suerte. Volvimos, con el cielo totalmente tomado por la tormenta que bajaba la oscuridad con rapidez. El cielo oscuro mostraba relámpagos que lo cruzaban. Con casi la total negrura de la noche llegamos al barco y comenzamos la rutina de los tragos, la cena y la sobremesa. Esta vez experimentando una tormenta en el río, apoyados en una costa que nos protegía y bajo una copiosa lluvia que nos acunó toda la noche. Una experiencia inolvidable. La naturaleza siempre compensa.

Fly Fishing

La moscas tomadas por las palometas, casi no toleraban otro lance porque las destrozaban.

A si quedó esta rabbit con cabeza muddler. A si, destruida, fue la que logró otro dorado similar desde la embarcación.

Por la mañana del último día en la punta de una laguna intentábamos algún pique. Me metí en agua y fui a tirar mis moscas donde la corrida de agua chocaba con la quietud de una extensa laguna que se formaba por detrás. Un pique furibundo que se escapa, me llena de ilusión y me pone eufórico por lo violento. No vi al pez, pero si a la mosca totalmente destruida. De diez lances, habré tenido cinco de esos piques rabiosos, cargados de violencia y pude sacar una palometa como resarcimiento a tantas moscas destruidas.
Ante el descubrimiento de un pique precioso y un encuentro corto pero violento, cargado de resistencia, pasamos la mañana divirtiéndonos con las palometas. Siempre que las había pescado no lo había hecho con equipos de mosca y no recordaba tener en mi memora un pique tan alentador y divertido. Descubrirlo, sobre todo, ante tan poco pique de dorados, fue un hallazgo que nos divirtió la mañana.
Pasado el mediodía, volvimos a almorzar y ya prepararnos para el regreso. Me bañé en la popa del barco.  Mientras me bañaba las mojarras, por cientos, aparecían cada vez que yo metía el pequeño balde con el que me enjuagaba. Me calcé un short y estaba listo para desarmar los equipos. Ruidos en el agua fueron advertidos por Poly. Liliana manifiesta que por las sobras de comida volcadas al agua, ella había escuchado, alrededor del barco, actividad intensa toda la mañana. Sin dudarlo, tomo mi caña, me paso al bote y con una Rabit de color verde de cabeza muddler cortada por la mitad por las palometas, la arrojo con la esperanza de poder sacar un Pirá Yaguá, que sin razonabilidad alguna era lo que se me había ocurrido en ese rápido accionar cargado de ansiedad y apuro.
Ya instalado en la popa del bote, veo bulos sobre la costa no tan lejanos y mojarras desparramadas por el aire, Hago mi primer lance sin suerte, mientras ya llegaba Julio con su caña. Vuelvo a lanzar y cuando traigo, la primera vez, tengo una tomada brutal. Inmediatamente salta un dorado igual al que había pescado.
La corriente era intensa y jugaba a favor del doradito, por lo que me sacó línea. Julio dejó la caña y desde el techo del yate, junto con Liliana, tomaban fotos desde esa posición ideal. Fue una sorpresa lindísima. El doradito dio su lucha y al final, quise ser yo quien lo sacara del agua, ya que el anterior había sido Poly con el copo. Me calcé un guante de jardinero en la mano izquierda y, ya cansado, lo traje hasta la popa del bote y lo levanté de la cola. Feliz.
Los dos doraditos que saqué fueron similares y me tocaron a mí. Julio, en toda la excursión no tuve la suerte de un pique. No había desaliento o desesperanza. Ambos sabemos que la pesca tiene estas cosas y por eso hay que entenderlas y respetarlas. La revancha siempre vuelve y el Río Chubut nos espera los primeros días de diciembre. La pasamos bárbaro, rodeados de ese verde que alegra la vida, con los camalotes florecidos. Encontramos un par de yacarés en los arroyos  a quienes les alteramos su siesta, una par de lobitos pescando en la orilla y garzas, gallinetas y unos monos gritones que estuvieron cerca en casi todo nuestro recorrido de pesca. Las palometas fueron una fiesta compensatoria el último día, y este doradito inesperado fue la última alegría, que nos deja con la impronta de volver, aunque sea con la misma suerte, porque la pesca es la pesca. Y es esto.

Pesca con mosca
Tomó una mosca casi destruida. Lo que demuestra que cuando esta cazando es poco selectivo al atacarlas.
Pesca con mosca
Como siempre, lo devolvimos al agua, despidiéndolo hasta el año que viene de este entrañable lugar.
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