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Pesca con mosca
 
  Reconquista Relevamiento del 12 de julio de 2012  
 2013, Buenos Aires Argentina   Pesca con mosca . Moscas paso a paso.  

Julio manejó el yate de Poly Gahn durante gran parte del trayecto hacia la zona de pesca.

El bote de pesca con un motor de 40 HP haría nuestros traslados cuando el yate se detuviera.

Veo sobre mi mesa de atado las fracasadas moscas estiradas. Algo abiertas para que se sequen con el sol de la ventana. Dos días completos estuvieron entrando y saliendo del río. En la punta de la línea volaban hasta besar la cama de camalotes, carrizos o alguna mínima barranca acantilada que se había salvado de la creciente.
Estuvimos con Julio en aguas que ayudan al Paraná a mantener su magnificencia en la zona que une a Reconquista y Goya. La altura del río pasaba los cuatro metros.
A pesar de nuestra experiencia acudimos a pescar dorados por el llamado telefónico de Liliana, la asistente de Poly Gahn, que nos avisaba que estaba crecido pero con dorados. La temperatura no era la ideal. Poly había estado el día anterior pescando bien. Reemplazaríamos una salida fracasada quince días antes por que el río, grandioso y loco, había empezado a crecer augurándonos solo fracaso si hubiésemos decidido ir.

Al fin tengo un pique.Debajo de una vereda de camalotes. un doradito salio a tomar una mosca azul de Kanekalón.

No había ansiedad. El tamaño no la provocaba. Lo fuimos arrimando despacio para soltarlo desde el agua misma

¿Que había cambiado?
Que desde hacía siete días había empezado a bajar. Controlábamos la altura del río todos los días. Había crecido desde principio de junio a los primeros días de Julio casi un metro ochenta, y desde el siete de julio había empezado a bajar lenta y diariamente, hasta nuestra salida, menos de cincuenta centímetros. Sabíamos que esto no era suficiente. Las islas se tapan de agua, las que empiezan a verse son un barrial intenso y pegajoso que impide bajar a la costa, los camalotes se aquietan y abarrotan defendiéndose de la corriente, se abrazan con sus hojas verdes y gordas formando un vereda incansable a la vera de todos los riachos que recorrimos. Los peces forrajeros se dispersan por lagunas y bañados. Se hace difícil localizar a los dorados incluso conociendo claramente los lugares de caza y acecho que los baqueanos conocen plenamente. Los pocos lugares que mantienen los choques y correderas de agua, aún crecidas, son de elección imprecisa al no estar todo lo marcada que deben estar.
Había una sola señal buena, cuando el río viene creciendo o recién empieza a bajar, el color del agua es oscuro y transparente. Para pescar con moscas esta condición es ideal. El frío en Buenos Aires fue intenso, mayúsculo, molesto. El clima, en todo el país, estuvo frío. En el litoral había tres o cuatro grados más. Ambos sabíamos que un poco de viento norte hace al litoral un lugar cálido y hasta caluroso. Hasta el día anterior a nuestro viaje esto no había sucedido. Cuando viajamos, a medida que llegábamos a Reconquista, la tibieza del clima se hacía más intensa. Sabíamos que con mucho frío, aún con el río en la altura ideal, la pesca con mosca no es la mejor.
Todos estos datos que indicaban que nos quedáramos en casa, no fueron vallas para aceptar como una verdad absoluta el llamado de nuestro guía en esa zona. La comodidad del yate que nos llevaría hasta el lugar, los tragos en su comedor, las comidas excelentes, la fantasía de pescar desde las primeras horas del día hasta la últimas del atardecer, aún con la noche bien avanzada escuchando algún chamamé, eran como telones negros a nuestras miradas desalentadoras.

Con el bote nos trasladabamos de un lugar a otro tratando de encontrar la pesca.

Al salir del Tonawanda Julio tiene un pique que lo sorprende por agilidad y pòtencia.

Horas antes de salir Liliana llama y nos dice: No vayan a un hotel, Poly dice que duerman en el barco para salir bien temprano porque tiene un lugar en el cual estuvo pescando antes de ayer. Si algo faltaba era ese llamado.
Cegados por nuestra ganas, pensamos que era mejor fracasar pescando que no ir a pescar.
Desandamos los casi ochocientos kilómetros que nos separan de Reconquista. Al llegar, la calidez del yate, de nuestros anfitriones, el rumor del río, además de un buen whisky disipó cualquier duda que hubiésemos alimentado hasta ahí. Esto, mas el comentario de un lugar que no conocíamos y que había dado dorados dos días antes nos hizo disfrutar de un Mbaipú delicioso y dormir apurados para que amaneciera rápido.
El “Tonawanda” es un yate que data de 1947. Blanco por fuera y forrado en madera por dentro. En su cabina se vive un ambiente náutico, algo antiguo y aventurero, matizado por cuadritos con imágenes de humor sobre pescado y pescadores. Moscas colgadas en las cortinas ayudan a que la cabina comedor sea el lugar deseado y esperado por quienes ya lo conocemos e imaginado por aquellos que se acercan por primera vez.
Después de desayunar salimos del puerto de Reconquista con rumbo al Paraná y después de un corto viaje el “Tonawanda” se introdujo en uno de los canales de ese delta complejo que se forma en la zona. Atracó el yate para probar suerte donde había pescado con éxito dos días antes. Como siempre la zona nos sorprende. Al atracar, un yacaré adulto, tomaba sol a escasos diez metros nuestros. Hasta que llegamos a las máquinas de fotos, por supuesto, con un arranque torpe se introdujo en el agua sin darnos tiempo de fotografiarlo en toda su grandeza. Tomamos un bote impulsado por un motor de cuarenta caballos que el yate lleva a remolque y salimos por un arroyo ancho que se fue angostando a medida que avanzábamos sobre él. Paramos varias veces en sitios que parecían ideales para encontrar dorados. Plataformas de carrizos y camalotes nos separaban de la costa cargada de árboles y enredaderas muertas. Durante toda la mañana navegamos hacia el este por ese arroyo parando y casteando en lugares que parecían ideales. Monos carayá, en cantidad que nunca habíamos apreciado, se hamacaban en las ramas de los árboles y parecían no darse cuenta de nuestra invasión. Cambiamos de líneas, de moscas, casteamos con eficiencia adonde creíamos que debían pasar las moscas y casi al mediodía, con una mosca de canecalón azul, obtengo el pique de un doradito que nos alegró la mañana. Todas las fotos que verán, serán de ese doradito y de otro que Poly logró con carnada, al final del primer día. Volvimos al Tonawanda, e inmediatamente, abandonamos la zona para buscar los lugares que nosotros habíamos pescado en oportunidades anteriores. Se preparó la comida y realizamos el almuerzo mientras navegábamos. Este viaje fue algo largo. Recién a las 16 hs. habíamos arribado al lugar definitivo donde atracaríamos hasta el regreso. Marchamos para una península, en cuya costa siempre se ve movimientos de dorados. Había pescadores artesanales locales con sus espineles. Igual, separados de la costa y manteniendo el bote con el motor eléctrico del bote, casteamos la zona sin éxito. Poly lanza su caña encarnada con una morena y al primer pique logra un dorado de algo más de cuatro kilos. La noche llegaba y emprendimos el regreso. Un whisky, la cena, algo de sobremesa y esperar a mañana, ya con algo de escepticismo

Al tomar la mosca se clavó por el exterior de uno de sus opérculos presentando lucha con desplazamientos laterales

Poly atrapa con el copo la boga pescada por Julio luego de una lucha que ayudó que la imaginaramos mas grande.

Después de desayunar salimos del puerto de Reconquista con rumbo al Paraná y después de un corto viaje el “Tonawanda” se introdujo en uno de los canales de ese delta complejo que se forma en la zona. Atracó el yate para probar suerte donde había pescado con éxito dos días antes. Como siempre la zona nos sorprende. Al atracar, un yacaré adulto, tomaba sol a escasos diez metros nuestros. Hasta que llegamos a las máquinas de fotos, por supuesto, con un arranque torpe se introdujo en el agua sin darnos tiempo de fotografiarlo en toda su grandeza. Tomamos un bote impulsado por un motor de cuarenta caballos que el yate lleva a remolque y salimos por un arroyo ancho que se fue angostando a medida que avanzábamos sobre él. Paramos varias veces en sitios que parecían ideales para encontrar dorados. Plataformas de carrizos y camalotes nos separaban de la costa cargada de árboles y enredaderas muertas. Durante toda la mañana navegamos hacia el este por ese arroyo parando y casteando en lugares que parecían ideales. Monos carayá, en cantidad que nunca habíamos apreciado, se hamacaban en las ramas de los árboles y parecían no darse cuenta de nuestra invasión. Cambiamos de líneas, de moscas, casteamos con eficiencia adonde creíamos que debían pasar las moscas y casi al mediodía, con una mosca de canecalón azul, obtengo el pique de un doradito que nos alegró la mañana. Todas las fotos que verán, serán de ese doradito y de otro que Poly logró con carnada, al final del primer día. Volvimos al Tonawanda, e inmediatamente, abandonamos la zona para buscar los lugares que nosotros habíamos pescado en oportunidades anteriores. Se preparó la comida y realizamos el almuerzo mientras navegábamos. Este viaje fue algo largo. Recién a las 16 hs. habíamos arribado al lugar definitivo donde atracaríamos hasta el regreso. Marchamos para una península, en cuya costa siempre se ve movimientos de dorados. Había pescadores artesanales locales con sus espineles. Igual, separados de la costa y manteniendo el bote con el motor eléctrico del bote, casteamos la zona sin éxito. Poly lanza su caña encarnada con una morena y al primer pique logra un dorado de algo más de cuatro kilos. La noche llegaba y emprendimos el regreso. Un whisky, la cena, algo de sobremesa y esperar a mañana, ya con algo de escepticismo.

El guía tiene pique usando carnada. La claridad del agua era extraordinaria.

Un hermoso doradito. No importa como se lo pesque siempre hay felicidad cuando cuando se lo captura.

Después de desayunar, Julio tiene un pique precioso. Toda la potencia de una boga probaba la capacidad de su pericia y del equipo. La pelea fue intensa para el tamaño del pez. La mosca la había atrapado de la agalla y la natación le daba mucha más fuerza y recorrido que si la hubiera tomado por la boca. Al fin la subimos. Fue la cuota de entusiasmo que nos alentó esa mañana.
Poly nos llevaba de un lado a otro buscando que pincháramos algún dorado pero no lo logramos. Por la tarde pescamos hasta que la noche nos cubrió completamente sin resultados.
Todos sabemos que ese paisaje salvaje y maravilloso empezó a ocultarse a nuestros ojos. Pescador que no pesca es invadido por el desaliento y no importa el hermoso entorno que lo rodea, no lo disfruta. Sabíamos cuales eran nuestras culpas de estar allí y cuáles no. No tocábamos el tema.
A la mañana siguiente, antes de emprender el regreso, hicimos una salida más con el bote. Estuvimos quizás en el mejor lugar de todos los que habíamos visitado. Esta vez esa hermosa mosca azul, tuve un pique furibundo que no me dio tiempo a reaccionar y parece que desató el nudo de mi leader. Quedé furioso por haber perdido mi oportunidad ante tan pocas probabilidades por un error netamente personal. Después de esa nueva frustración emprendimos el regreso a Reconquista.

Una mosca de kanekalon simiar a esta fue la única que obtuvo dos piques.

Como siempre todo se acaba. Volveremos y contaremos otra historia.

 Conclusión: El río Paraná no debe tener más de tres metros cincuenta para poder disfrutar de una buena pesca de dorados en la zona de Reconquista. Si se lo toma bajando luego de una creciente, mejor, la transparencia del agua será profunda para la visualización de las moscas. El frío intenso y con heladas varias noches no alcanza a enfriar totalmente al río por su volumen en tránsito, pero afecta al movimiento de todos los peces. Recuerdo a un baqueano de Empedrado que decía que los dorados con frío tienen la boca dura y se mueven menos. Suena poco científico pero una vez más lo comprobábamos. Nos hacemos responsable del resultado porque todas estas señales debían habernos alertado ante el llamado telefónico. No hacemos cargos al guía y toda su infraestructura, porque el servicio esperado por nosotros se cumplió con creces a pesar del frio, la altura del río y los inconvenientes que esto trajo para la pesca con mosca. De haber cambiado nuestra modalidad de pesca otro hubiese sido el resultado y quizás, lo que Poly no tuvo en cuenta, fue nuestra tozudez para mantenernos en la mosca como única práctica. La próxima vez estaremos atentos las señales del tiempo, el río y no nos dejaremos llevar por el entusiasmo de un llamado seductor y el guía sabrá, si nos vuelve a llamar, que solo pescamos con mosca haciéndonos cargo del resultado final. La mosca azul atada en kanekalón es una dato para no dejar pasar. Fue la única que tuvo dos piques, uno con éxito y el otro, que por descuido en el control de la línea, se la llevó el atrevido para transformarla en única e irrepetible en el recuerdo de esta salida.
Servicios: Polypesca de Oscar "Poly" Gahn
Crucero Tonawanda: De 11 m con 6 cuchetas
Lancha de pesca: De 7 m impulsada por un motor de 40HP.
Traslados, alojamiento y comidas en el barco. Campings y ranchadas en la Isla.
Contactos: Prensa@polypesca.com.ar Sra. Liliana
Página Web: www.polypesca.com.ar
Teléfono: 54 3624940522
Reconquista: Santa Fe. Argentina.

 
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