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  Lástima estar solo.  
 2013, Buenos Aires Argentina   Pesca con mosca vistiendoanzuelos.com  

Lástima estar solo

------ Una camioneta Ranger doble cabina negra está estacionada frente al paseo Incayal, en
la calle principal de Villa La Angostura.
------ El paseo es un espacio rodeado de locales para turistas. Al fondo, un comercio ocupa todo el ancho final y exhibe, en tres vidrierasbien dispuestas, lo último en artículos de pesca con mosca. ------ Adentro, un hombre alto de pelo corto y vestido a la moda de estos pescadores, curiosea un cuero de gallo genéticocolor naranja. Lo mira fijamente, acaricia las largas plumas del saddle como si fuera un animal vivo e introduce sus dedos carnosos por entre las plumas, observando el
ancho y el largo de las mismas. Toma una de ellas entre sus manos estirándola con sus
pulgares e índices de ambas manos. Hace una curva hacia arriba y las fibras se separan
y muestran su largo. Luego de repetir la acción un par de veces, introduce el cuero
en el envase del que la sacó y la deja sobre el mostrador junto a otros materiales ya
separados.
------ Conversa amigablemente con uno de los dueños del local. Este escribe los datos del
cliente en una pequeña revista, indicativa de las zonas y especies de pesca, donde se
incluye el permiso de la temporada. Paga, y sale con la compra en una bolsa de papel
madera.
------ Camina despacio. Mira detenidamente la vidriera de un local de artesanías y
finalmente se encamina a su camioneta.
------ Está solo.
------ Abre la puerta, sube y la pone en marcha con un ritual placentero y cotidiano.
------ Las colinas cargadas de piceas, ñires y araucarias parecen apoyarse en una cinta
cegadora de retamas amarillas. Mas abajo, casi rozando el camino, lupinos rosados,
azules y blanco se empeñan en mostrar su hermosura.
------ El paisaje es común para esa época del año.
------ Sale del pueblo. Enfila hacia el complejo de Bahía Manzano frente a la bahía más
hermosa del Lago Nahuel Huapi. Es propietario de una semana desde hace veinte años.
Los últimos quince cargados de recuerdos con su amigo fallecido hace seis meses.
El vacío de la ausencia no fue tan grande cuando este sufrió el infarto. Se mortificó pero
la angustia no le impidió seguir con sus rutinas. La vida lo había hecho duro. Había
perdido una hija de poco más de treinta años en un accidente.
------ Extrañaba esperarlo por las tardes, mientras ataba alguna mosca, para tomar juntos un
Whisky. Sucedía casi todo los días.
------ Descubrió que creaba moscas o mecanizaba formas de hacerlas solo para mostrárselas
y escuchar ese mundo de ocurrencias que el alcohol provocaba en ambos. Preparar un
viaje, incluso este, que era rutinario y esperado, relanzaba un sin fin de charlas repetidas
como si fueran nuevas, porque siempre había algún matiz que el alcohol cambiaba.
------ Siempre que llegaban a Villa La Angostura, la primera visita era al Banana Fly
Shops para hacerse de los permisos. Eso fue lo que había hecho y no había tenido la
misma impronta que cuando lo hacían juntos. El diálogo amistoso que se imponía
cuando llegaban, se había acabado.
------ El no pudo mantener ese umbral ameno y dialogado que lograban juntos.
------ La conversación había empezado con el relato de la muerte. La sorpresa y el gesto
medido de una tristeza costumbrista fue acompañado, como de rigor, con la frase:

----------¿No me digas?.

------ Como si la muerte no fuera común y esperable. Movimientos de la cabeza de
ambos descubriendo, de pronto, que la situación se había vuelto incomoda. El diálogo
se cortó y los ojos ya no se buscaron. Luego, lo de siempre: el permiso, algún material,
los datos que nunca eran novedad y la vuelta en la que una ausencia había cambiado la
escena.
------ Recorrió los ocho kilómetros que separan a la Villa del complejo. Estacionó frente a la entrada escoltada por un Rododendro de flores blancas gigantes.
------ Entró, sin verlas. Pidió la llave del departamento y que le llevaran hielo. Siguió el
pasillo alfombrado. Un pesado trozo de lenga con el número sostenía la pequeña llave.
Abrió la puerta, y al final del estar principal, el balcón ofrecía la vista del lago.
------ Lo habían visto, juntos, cientos de veces, y siempre había sido especial.
------ Buscó un vaso de base y boca ancha dentro de uno de sus bolsos de viaje. Lo
desenvolvió del repasador que lo protegía. Los vasos del complejo eran de bordes
gruesos para beber Whisky. Lo llevó hasta el balcón de madera, lo apoyó en una
pequeña mesa redonda de plástico blanco y se sentó mirando la serenidad permanente
de la bahía.
------ Recordaba a su amigo en la misma situación frente a él.
------ La angustia lo obligó a concentrarse en un bote que se acercaba a las amarras del hotel.
------ Tocaron la puerta.

---------- ¿Quién es?.
---------- Su hielo señor.

------ Abrió la puerta, y un mozo de camisa inmaculada le dio un baldecito de alpaca con
brillantes trozos de hielo que sobraban la capacidad del recipiente. Lo tomó, sintió el
frío húmedo en sus dedos, y lo llevó a la mesa del balcón.
------ Antes de sentarse, buscó y abrió una botella de Hyram Walker etiqueta negra.
Descargó en el vaso un cubo grande y dos pequeños de hielo, que tintinearon mejorando
el paisaje. Ya sentado, se sirvió una larga medida, tal cual lo hacía con su amigo cada
año en el mismo lugar.
------ Apoyó la botella, miró largamente el paisaje y levantó el vaso pausadamente.
------ Lástima estar solo. Pensó
------ El olor llegó primero y detuvo su pensamiento. El sorbo helado y perfumado le llenó la
boca y el sabor se corrió del paladar hasta detrás de la lengua antes de sentir el placer
del primer alcohol del día.
------ Que lástima estar solo.
Apoyó las dos piernas sobre la mesa, tiró su cabeza hacia atrás y una extraña mueca se
dibujó en el rostro mientras todo el entorno lo envolvía en su belleza.

Enrique Gómez Septiembre 2010

   
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